Antes de volver a casa desvié la ruta a echar un café alemán necesario para calmar un poco la tarde aciaga. Me hizo efecto, la charla me quitó el semblante adusto. Pero la verdadera sonrisa salió a relucir en forma de sorpresa al llegar a casa: abrí el buzón con la desgana habitual de quien espera una carta del banco o de tu centro de telefonía más cercano, y lo que encontré fue una agradable manualidad de las de antaño (puto correo electrónico que rompe la magia).
Pasé un largo rato disfrutando del libro y las letras que había allí dentro hasta que ya no pude demorar más la preparación de la maleta. Mientras la hacía eché manos del nuevo disco de CocoRosie para ambientar la estancia, me lo pidió el cuerpo. Curiosamente, mientras sonaba Lemonade llegó una cena variada preparada por una de las chicas que más feliz me hace últimamente. Tenerla al lado es un lujo del que me vanaglorio casi a diario.
A medida que el día se había desarrollando yo había empezado a intuir que esa noche iba a ser distinta. Cuatro horas después me fui rumbo a México con el cuerpo resfriado, tosiendo flemas de alegría.
1 comentario:
Se te ha olvidado que te invité a un té y charlaste un ratico con un nuevo amigo y una vieja amiga...
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