sábado, 10 de julio de 2010

Imitation of life

No suele apasionarme R.E.M. más allá del Shiny Happy People (hay gente muy brillante por descubrir a diario) y el Losing my religion (solo cuando se ha perdido todo, se es libre para actuar). El imitation of life es un buen tema. Es un buen slogan, al menos.

Imitamos vidas, o trozos de vida. Copiamos. Nos quedamos con partes que nos gustan de ciertas personas o experiencias, y eliminamos las supérfluas o innecesarias. Las dolorosas. Las que olvidaremos, y las que, por tanto, nunca pasaron a fin de cuentas.

Me gusta imitarte. Copio y pego trocitos de ti. Decoro mi vida con el menaje de tu persona. Me compro unas sábanas negras como las tuyas para que me acaricien por la noche. Lleno mi estantería de libros y me transporto a paisajes oníricos donde soy feliz. Tiro la cama al suelo como haces tú. Me pongo un espejo en el cuarto para atravesarlo de miradas.

Me echo fotos que siempre quise echarte a ti. Me imito a mí mismo.

viernes, 9 de julio de 2010

Mañana

Me desperecé, salí de la tienda de campaña (hasta antes de haber encendido el móvil) a respirar aire fresco y me encontré que hoy había amanecido el día de puta madre.


Como se dice, verás como viene alguien y lo jode.

jueves, 8 de julio de 2010

Menudo viaje te daba

Pensé 2010 como un año de experiencias. Y qué mejores experiencias que los viajes. Decidí, por tanto, viajar no mucho (como hasta entonces) sino muchísimo. Me dije que, al menos, haría un viaje por mes, y que si no era profesional, lo pagaría de mi bolsillo.

Me dije, así mismo, que este año repetiría destinos de viaje. He estado en algunos sitios en los que no saqué el partido que quise, así que este año sería el de volver de nuevo, y cambiar ese recuerdo. Candidatos: Cádiz, Edimburgo, París, Lisboa, Barcelona…

En enero estuve en Barcelona. En febrero me fui a Madrid y a Cádiz. Marzo para el precioso León. Abril empezó con Edimburgo y terminó con Murcia. Mayo y México siempre irán unidos de la mano. Junio, mitad de año, qué mejor destino novedoso que Río de Janeiro.


Empieza julio, y con la excusa del Optimus Alive me piro con vacaciones a Lisboa y Oeiras.


Siguientes destinos previsibles: París a ver a Conchi, el Fringe con Pako, Doramas y Miriam, Barcelona con Lucre, el Cabo de Gata, y, como fin de fiesta, el viaje al que renuncié el año pasado por gilipollas cagón y que de este año no pasa: el MakeTheGirlDance, road movie con Jass por Europa.


No puedo parar de crear.

miércoles, 7 de julio de 2010

Cojo de un pie



Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.


San Agustín

lunes, 5 de julio de 2010

Viaje Rio de Janeiro – Madrid, 3/3 : desenlace y secuelas

(…esta historia viene de aquí)

Anda que la debes estar liando fina – me decía, observando la escena desde los ojos de cualquier pasajero del avión cercano a dónde yo casi me desvanecía.

Seguía con un nulo control de mi cuerpo, y solo mi conciencia me permitía estar anclado al mundo real. Pasé los peores minutos de mi vida, y no dejé de pensar en mi querida Isabel en esos momentos. Lo de la luz al final del túnel es cierto para hacer un balance de sentimientos. Para mí fue asquerosamente clarificador.

Dejé de sudar al rato, las punzadas fueron remitiendo, y al poco supe que mis párpados volvían a ser esclavos. Abrí los ojos con miedo de no ubicarme (¿vería el purgatorio? ¿El infierno quizá?), y me encontré a mi querido Juan al lado, tomándome la tensión, aplicándome toallas húmedas, cuidando de mí como hacía tiempo que nadie me cuidaba. Me mimaba. Me dijo que tenía la tensión a nivel de caniche tobillero, y que me quedase ahí un buen rato. Me dieron coca-cola (¡la chispa de la vida!), me incorporaron poco a poco, todo fue normalizándose. A los pocos minutos volvía a mi asiento por mi propio pie. Afortunadamente no me había meado encima ni nada aún peor.

Fui incapaz de conciliar el sueño ni de tomar el desayuno, pese a las advertencias de Juan. Me daba miedo a mí mismo. No dejaba de pensar y pensar, ordenar ideas, establecer objetivos, pensar en el futuro que vi perdido minutos antes.

Llegué a Madrid, hice hora, y de nuevo volé hasta Sevilla. En el aeropuerto recogí la maleta, y me fui a la calle, necesitaba por fin aire fresco. Por primera vez en mi vida deseé que alguien estuviese esperándome. Nadie fue a recogerme, nada nuevo. Me puse los auriculares a máximo volumen, carpeta Music that makes El señor Ríder happy como prioridad uno desde el aeropuerto a casa.

¿Se puede abrazar a alguien tan fuerte que te agarre por dentro?

Se dice que una persona, para ser plenamente feliz, necesita 14 abrazos sinceros al día.

Llegué a Sevilla con ganas de abrazos. Invité a cenar a una amiga. Necesitaba una enorme sesión de risas. Fue genial volver.

Ahora aprovecho cada día aún más si cabe. Sonrío, pero sobre todo vivo como quiero y no siento miedo ni espero al futuro. El futuro es dentro de tres segundos. ¿Vas a seguir sentado criando culo? Sal a la calle y haz lo que quieras hacer ahora.

ACTUALIZADO (antes las dudas no resueltas al parecer): oficialmente fue una bajada de tensión con amago de lipotimia, pero...

a) ¿Fue Avivit y el agua de coco?

b) ¿Y si la tripulación me habían envenenado y por eso se reían con Juan al pasar a mi lado? ¿Se dedicaban al tráfico de órganos?

Yo, tú, el/ella, nosotros, vosotros, ell@s

Después de que Ell@s se metieran en medio, Nosotros no fuimos los mismos. Pensaba en Ti (sin tilde) a cada gesto, en casi todos mis movimientos, y me engañaba creyendo que tenía que pensar en Mí (es eso lo que siempre decís Vosotros). Lo que no sabía es lo feliz que estoy pensando en Ella.



Qué subidón al final

It's nothing but time and a face that you lose I chose to feel it and you couldn't choose I'll write you a postcard I'll send you the news From a house down the road from real love...

Live through this, and you won't look back...

There's one thing I want to say, so I'll be brave You were what I wanted I gave what I gave I'm not sorry I met you I'm not sorry it's over I'm not sorry there's nothing to save

miércoles, 30 de junio de 2010

Viaje Rio de Janeiro – Madrid, 2/3 : improvisado show en el avión

(…esta historia viene de aquí)

Para que mi madre y mis guapas no se preocupen y se queden más tranquilas puedo decir que no me pasó nada, que es una frase hecha, que justo Juan me entretuvo tomando un café al bajar del avión, y esos 5 minutos hicieron que no me montase en el tren (sino en el siguiente) que descarriló minutos más tarde y en el que iba a ir.

Pero no, eso no fue lo que pasó

Estaba en el avión, tras cenar la pasta y la tarta de arándanos y tras hablar con Juan, intentando dormir. El espídico Juan se había despertado un par de veces. A mí me dolían ya las rodillas de chocarme con el asiento de delante, y no sabía como poner las piernas, hacia el pasillo, contraídas y en alza contra el asiento de delante, cruzadas bajo el culo…

Dormité un rato. Como no uso reloj y apago el móvil no supe durante cuanto tiempo, pero me levanté con un poco de sed, con frío (esto es muy inusual en mí) y con un par de punzadas en el estómago. Aunque la señal de cinturones estaba encendida, me levanté a por agua. Juan tampoco estaba sentado a mi lado. El grosso de pasajeros dormía.

En la parte trasera del avión la azafata me dijo que no podía estar allí, habían anunciado turbulencias. Bebí mi vaso de agua (me costó muchísimo), volví a mi asiento, me tapé con la manta y me puse mi pañuelo negro en el cuello. Me quedé dormido durante un rato (ni idea de cuánto...) hasta que me despierto empapado en sudor, y con la barriga a rabiar de punzadas. Algo me había sentado mal, no sé si la comida, la insolación, las posturas, ¡qué!

La única feliz idea que me viene a la cabeza es ir al baño a echarme agua en la cara porque me encontraba fatal. Me limpio el suudor. Juan sigue sin estar. Luces de cinturón aún encendidas. Me levanto, empiezo a dirigirme al baño, doy 4 pasos, y noto como empieza a nublarse un poco todo.

-Supongo que es el típico mareo de cuando te levantas muy rápido – me digo.

Doy dos pasos más, y empiezo a ver cada vez menos. Se me empieza a nublar absolutamente todo, y empiezo a andar con los ojos cerrados, tanteando el angosto pasillo con las manos, de memoria. Un par de pasos más, los ojos totalmente ciegos, los brazos me empiezan a fallar, y las piernas ya no andan. Veo que no me recupero, y empiezo a plantearme la posibilidad de tirarme al suelo antes de caer fulminado. No creo que llegue al servicio.

Es la primera vez en mi vida en la que he pensado que hasta aquí he llegado, que iba a morir. Ninguna parte del cuerpo me respondía más allá de la consciencia de lo que me estaba pasando, pero ni podía hablar, ni podía ver, ni podía moverme.

Me quedo de pie, quieto, inmóvil completamente, agarrado con los dos brazos a dos asientos opuestos para intentar estabilizarme. Pasan segundos eternos en los que pienso que estoy a 10 km de altura, a varias horas de llegada a un aeropuerto, y lo poco que le gustará a la gente estar con un cadáver en esa situación. Noto justo entonces que me agarran del brazo derecho, y, como un autómata, el cuerpo responde y lo cojo yo con el mío.

- ¿Estás bien? - me pregunta. Estoy mareado - respondo.

Noto que se levanta, se pone a mi lado, me estabiliza, me coge del otro brazo, me sienta en algún sitio. No veo, soy el espectador de mi cuerpo blando. Me dicen que va a buscar a alguien. Pienso en que Juan es médico, pero mis cuerdas vocales no me ayudan.

Más que nunca siento que voy cada vez peor, que me están fallando cada vez más órganos, que estoy perdiendo puntos de vida.


Estoy sudando entero, noto que me caen gotas de la frente y las mejillas sobre la camiseta de ET, siento a veces que me voy a caer de lado y entonces una mano amiga me sujeta, y me vuelve a balancear hasta la posición de equilibrio. Me ponen manos sobre la frente, me toman el pulso en el cuello, me aflojan un poco el cinturón.

- Hay que tumbarlo en el suelo – dice una voz masculina a alguna audiencia - . Te vamos a tumbar en el suelo, ¿ok? – parece decirme a mí.

En un esfuerzo superlativo por intentar no morirme (eso creía, en serio, me dolía todo el cuerpo y llevaba un tiempo que no podía abrir los párpados como angustia máxima) mis cuerdas vocales articulan un “Yo no puedo moverme” a lo que me responde la misma voz “No te preocupes, nosotros lo hacemos”, y en menos que arde una candela de papeles estoy asido por numerosas manos que me desplazan de mi asiento (¿dónde estaba?) y me tumban en un suelo espacioso (¡¿en qué suelo?!) tó lo largo que soy (solo con las rodillas en alto). Sigo con un calor apabullante, con el estómago que me iba a reventar, con sudores fríos, y sin poder mover ni un músculo de mi cuerpo. Solo puedo oir voces y pensar.

El desenlace, y las secuelas, en la próxima entrega.