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viernes, 29 de abril de 2011

Baby please come home

Cuando estás ausente, te echa mucho de menos.

Y no solo lo nota él, sino que el resto de seres que cohabitamos notamos un vacío palpable, agotador, casi doloroso. Sus sentidos desarrollados hacen que note más tu destierro. No puede olerte, no puede acariciarte, ni besarte, ni mimarte.

De noche es mucho más acusado si cabe. No se oye el eco de tus risas reverberar sobre las esquinas coloridas de mi habitación. La cocina no huele a hogar, ni las luces cálidas de tus aposentos reflejan tu sombra en las paredes del pasillo. Él lo nota, y corre enfurecido sin rumbo definido. Chilla y vuelve a chillar una y otra vez tu nombre, clamando que aparezcas.

Vomita con tal intensidad que le salen hasta chapetas. Llora. Araña si alguien se pone a tiro. Mira con su ensayada expresión triste y lánguida, pidiendo clemencia.

Vuelve pronto, Viejuno te echa horriblemente de menos, y no es el único.



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jueves, 9 de septiembre de 2010

Viejos amigos

Salí a cenar. Un buen restaurante, una comida exquisita, una mejor compañía.

Reíamos ante los avatares de la vida. Preparábamos proyectos futuros individuales. A veces, hasta nos mirábamos a los ojos. Hablábamos de cualquier cosa: desde arquitectura moderna, hasta idiomas por mejorar o instrumentos musicales que tocar.

Fuimos a tomar una copa. El efecto tranquilizador del alcohol en mi sangre me hacía estar cada vez más encandilado ante sus focos. Mi líbido se disparaba ante cualquier mínima caricia. Ante cualquier toque en el pelo. Ante cualquiera sonrisa. La anhelaba como hacía tiempo que no lo hacía a nadie. Esa chica me encendía de veras.

El deseo también había salido anoche a cenar fuera, así que se alió con la noche cálida y preciosa, y sin avisar. En ese momento había cielo para todos: las estrellas titilaban y la luna ausente provocó el resto. Follamos en plena calle como animales, no podíamos esperar más.

Como norma general no me apasionan los besos, a excepción de justo al terminar de hacer el amor; es entonces cuando me encanta que nos colmemos de besos y abrazos. No iba a ser este día una excepción. Tras el orgasmo, acaricié su espalda con mi mano izquierda, agarré su cuello con la otra mano, la besé con todas las ganas que aún tenía.

Algo raro sucedía. En ese preciso instante, noté un sabor que no conocía, una espalda excesivamente suave, un cuerpo que no recordaba. Chillé a medida que me clavó las uñas en la espalda (¡traición!) y justo por eso desperté precipitadamente y, como en Inception / Origen, me llevé una buena patada que me devolvía a la cruda realidad. No era ella quien dormía a mi lado. Era Viejuno a quien estaba abrazado, durmiendo molestamente cerca de mí, y que me hizo acordarme de toda la familia de Calderón de la Barca.


Y, sin embargo, quiero que me mires con esa sonrisa irresistible cuanto antes.


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jueves, 26 de agosto de 2010

Amigos de Viejuno

Soy un simple. Me he llevado un minuto entero riéndome a moco tendío con el vídeo. Estos locos bichejos adorables...



Más bichos locos:
tortuga satisaction
cabra saltimbanqui
perro huevón
gato dormilón
puerco espín mimoso


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domingo, 9 de agosto de 2009

Bestia leonada

Se fue.

Después de tantas cosas compartidas, de tantas veces quedarse dormida sobre mí en el sofá, de tantas comidas juntos, de acurrucarse sobre mí en la cama, de susurrarme, de morderme cuando se enfadaba, de ponerme ojassos, se fue.

Mi bestia se ha tenido que ir. O mejor dicho, yo provoqué su marcha.

Pero no paro de llamarla cuando cae la noche. La echo terriblemente de menos. Y lloro, muchas veces.

Te sigo echando de menos. Cada día más.

martes, 28 de abril de 2009

Depredador

Tomaba el sol plácidamente en la terraza, ajena a todo.

Él, mucho más grande, mucho más ágil, mucho más bello, mucho más todo, se percató de su presencia. Se sintió terriblemente ofendido, porque estuviese en su zona, y sin su permiso. Y se sintió macho, una atracción ineludible.

Cauto, se acercó, no quería ser sorprendido. Quería cogerla por detrás y hacerla suya. Yo nunca lo había visto así, desconocía un comportamiento tan avieso en él. Pero no me hacía caso, por un momento nuestra amistad era superflua, solo primaban los más bajos instintos.

Ajena a todo, seguía cantando, feliz, al sol, disfrutando del nuevo día, ojos soñolientos, cuerpo cálido. Él, a un metro, era su antítesis. El cuerpo le ebullía, se le notaba alterado, los ojos inyectados en sangre.

Cuando me disponía a decirle, por última vez, que me contara qué pasaba, entonces sucedió. Ya era demasiado tarde.

Brincó, espectacular atleta, se arrojó sobre ella. Retozaron sobre el suelo, rodaron, haciendo el amor, pero mucho más salvaje. Ella se resistía. Él no paraba de besarle el cuello, era su primer objetivo antes de querer ensalivarle el resto del cuerpo.

Duró 10 segundos, los que yo tardé en acercarme para separarlos.

Insisto, ya era tarde, no fue necesario el boca a boca. Allí yacía, pobre, el cadáver de la paloma. Y a su lado, un viejo conocido, y uno nuevo: Viejuno, y su recién estrenado instinto depredador.

Actualización
: No hizo, por ejemplo, esto.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Gato eléctrico

NO hay por qué preocuparse.

El gato que se electrocutó el otro día en el centro de transformación de Sevilla, y que dejó sin electricidad a una parte de la ciudad, NO es Viejuno.

Aquí sigue Viejuno a mi lado, tan pancho, él, tan casero como siempre.