lunes, 28 de junio de 2010

Viaje Rio de Janeiro – Madrid, 1/3 : parecidos razonables

Mi viaje a Río empezaba bien. Prometía. Si de todas las personas más atractivas a nivel visual de las que iban a montarse en el avión eligiésemos a una, vale, sería yo, pero la segunda sin duda sería él. Metro noventa de negro (café manchado), rastas, perilla a lo Zappa, bolso de tía, Ipod con música bien alta y camisa rosa moderna sobre camiseta de colores. Gafas de sol dentro del avión incluso. Para haceros una idea gráfica, era una mezcla de Lenny Kravitz con Carlinhos Brown.
Mi imán con la locura se ve que está magnetizado a tope. De 300 plazas del avión, justo lo tenía sentado al lado. Fue un poco antipático al principio, pero luego se mostró afable, interesado en lo que haría en Río, y me dio algunas directrices de lo que ver, como actuar con las chicas, donde invertir el dinero y qué gastronomía no perderme. Es curioso, cuando hablaba español (vivió en Argentina un año) era el más correcto de los señores heterosexuales, pero cuando hablaba en portugués (con otros compañeros de avión) su tono se volvía chillón y tenía unas maneras y unos gestos muy femeninos. Muy.
Como diría Tyler Durden, una de las raciones individuales de personas de lo más interesante.

El doble de Lenny me dijo que yo tenía un aspecto de argentino que echaba para atrás. No fue el único. Antes de que pasase un día en Río, ya me lo habían dicho 2 personas más, el taxista, y la recepcionista del hotel.

Me tuve que hacer una foto nada más llegar. Quería saber como luce un argentino.

Los argentinos están buenos, según se aprecia


Mi viaje desde Río prometía aún más. Antes de salir, en el aeropuerto, con 3 horas por delante, conocí a Avivit, una israelí guapísima que se parecía a Noa; hablamos bastante (me vino bien, tenía el inglés oxidado), me contó su aventura sudamericana y como conoció a su actual novio en Buenos Aires, y quedamos en tomar algo y hablar a la llegada a Madrid. Aunque lo mejor estaba por llegar. Un señor de unos 50 años, delgado, calvete, doble de Forges se me sentaba al lado en el avión después de mirarme 10 seg sin decir ni mú y ser yo quien le decía si quería pasar (él tenía ventanilla).

Me dijo que se llamaba Juan, que trabajaba como profesor de física en un instituto, pero que había hecho medicina, y que le encantaba viajar. No sé por qué extraño motivo se conocía a toda la tripulación, cosa que me turbaba. De hecho, el señor azafato1 me saludó a mí también al saludarlo, me dijo que (yo) le había caído bien y me ofreció un menú especial.

Juan era extremadamente raro. Tenía muchos tics, casi nunca se enteraba a la primera de lo que le decía, y lo hacía todo de forma rápida y mecánica. Estaba totalmente espídico. Sus miradas con el azafato1 me resultaban de lo más curiosas. Había un deje de picardía en el ambiente.

Juan no solo fue, creo, la mejor ración individual que he tenido hasta ahora, sino, quien me lo iba a decir, sería el que prácticamente me iba a salvar la vida alguna hora más tarde…

(continuará)

domingo, 27 de junio de 2010

Destiny

Mi destino es deambular de un lado para otro, y volver al hogar de vez en cuando. Por fin vuelvo a pisar España, y estoy encantadito perdío.


Tú sigue esperando al destino, que vas bien

sábado, 26 de junio de 2010

Smells like nothing

Observo lo que hay fuera. Dudo, pero finalmente saco mi nariz imponente por la ventana entreabierta. Aspiro. Empieza a oler a julio. Y nada vuelve a ser imposible.

viernes, 25 de junio de 2010

Oro parece, plata no es

Edward vive en Londres, y ha estado enganchado a la cocaína durante años. La adoraba, lo hacía levitar, y todos los problemas diarios perdían su importancia. A veces había pensado en probar otras drogas, pero nunca creyó que le hiciesen ese efecto letal en la consciencia, así que siguió consumiendo a la guapa blanca una y otra vez.

Como todos los malos vicios en la vida, se decía que tenía que dejarla. Se lo planteó varias veces, pero al final el deseo era más fuerte y podía con su voluntad. Flaqueaba. ¿Qué podía hacer? Ni las borracheras, ni liar cigarrillos, ni siquiera inhalar cloroetilo le habían dejado huella. No. Tenía que dejar todo aquello.

Edward combatió y combatió, pero no siempre es fácil.

Cuando ya no tenía mono, una noche cualquiera Edward tuvo una recaída; un viejo aliado le ofreció de nuevo el polvo, y, él, confuso, perdido, no supo decir que no. Le apetecía, quizá por añoranza. Fue un error que nunca más cometería, se dijo.

En ocasiones Edward me llama con frecuencia, charlamos de los peces muertos que siguen la corriente del río, y me recuerda que ya nunca más la tocará, que apenas le trajo más que problemas a lo largo de su corta vida.

- ¿Y cómo lo has hecho? – espeto yo, incrédulo.

- He probado la heroína. Sé que no te va a gustar que te diga esto, pero eres mi mejor amigo y no quiero mentirte. Cuando llegó el momento en que la tuve frente a mí me embelesé ante lo prohibido, me manejó a su antojo, y terminé pinchándomela. Y, créeme, entonces supe en realidad lo que era colocarse.



Ni todo es siempre lo que parece, ni es oro todo lo que reluce

jueves, 24 de junio de 2010

Hasta el infinito y más allá

Ando en el quinto pino (desde el hogar), y otro viaje que empieza a materializarse ya...

Uff, ¿cansado?

Iría contigo hasta al fin del mundo, eso sí.

miércoles, 23 de junio de 2010

Ja sei namorar - Tribalistas

Esta ciudad.... ¡enamora!


Río de Janeiro


Bueno, lo que no es ciudad, más bien.

martes, 22 de junio de 2010

Eduard Khill - Troloro

Hace un par de meses volví a fascinarme por algo, para variar. Era el genial troloro. La estética, la presencia, la voz, la.. ¡todo!


Imagínate que te lo encuentras en un callejón de noche


Pero el troloro no es de ahora, el troloro ya estaba presente en nuestras vidas desde mucho antes, solo que, como otras muchas cosas, no las notamos hasta que las buscamos con ahínco.


(Gracias Pony Cruz por cantarme las cuarenta)