domingo, 21 de marzo de 2010

Fuegos

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.



Hay fuegos que arderán toda la vida. Hay fuegos que ni el mar puede apagar.

jueves, 18 de marzo de 2010

Trasluz maldito

Voy silenciosa hasta ti, me fijo en tu figura al trasluz, ajeno a todo. Me acerco, y te abrazo por la espalda, genial excusa para poder así recorrer tu torso, acariciándolo despacio. Mis manos, firmes, te empujan hacia mí; te balanceas un poco hacia atrás, contra mi pecho desnudo choca tu larga espalda. Empiezo a recorrer con mis labios cada milímetro de ella.Noto como se me erizan los pezones en ese preciso momento.


Una vez sometido a mis encantos te guío hacia la cama para por fin desprenderte de ese pantalón de pijama, yo hace tiempo que estoy desnuda. En el reflejo del espejo no te hacen falta, querido.

martes, 16 de marzo de 2010

Dignos de lástima, Heinrich Heine.

Bien veo la mofa que en tus labios juega, y el brillo insolente de tus ojos, y el orgullo que hincha tu seno y, sin embargo, digo: Tan digna eres de lástima como yo. Un sufrimiento invisible te hace palpitar los labios, una lágrima oculta empaña el brillo de tus ojos, una llaga secreta te va royendo el seno orgulloso; amor mío, dignos de lástima hemos de ser los dos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Maybe tomorrow

Maybe tomorrow we'll find each other, look at the eyes, and start feeling strangely fine.


So maybe tomorrow I'll find my way home

domingo, 14 de marzo de 2010

Oren Lavie - Her morning elegance

Su elegancia al vestirse hizo que mi previsible día ocupado empezase con más alegría que en meses.

Después de estar sin dormir una noche entera, eterna, se rompía la magia con el sol filtrándose por las rendijas de la persiana, con el gato maullando, y con el olor a café Nespresso en la cocina.

El cuidado que ponía al abrocharse los botones, sus ojos cansados y brillantes... Atónito la miraba con mi gafas de mirar por primera vez. Los huesos de la cadera que se me clavaban, sus labios finos, los morados del cuello que yo mismo le había dibujado, todas aquellas aparentes imperfecciones en ella eran sublimes.

Terminó. Se fue, se esfumó esa elegancia, y desde entonces miro a la estancia vacía, y me pregunto cuando volveré a verla.



¿Repetimos? Natillas, Danone.

martes, 9 de marzo de 2010

Blind Affaire

Recuerdo cuando se cortó la melena, y se dejó el pelo corto. Aquellos ojos me atrapaban, no podía dejar de desear su cuello libre, su cara redondeada perfecta, sus pequeños labios glotones. Esa morena menuda que conocí en la cancha de fútbol me tenía enloquecido.

Emanaba un brillo especial, y el pelo revuelto le daba ese aire desaliñado que tanto me ponía. No podía dejar de mirarla, ver su aura, sus gráciles formas radiantes; tanto fue así que acabé ciego.

Quería tenerla, darle todo, que fuese mía para siempre, aunque mis amigas me decían que no sería más que un affaire.

Ciego de todo. Incapaz de ver la realidad más allá de mis ojos blancos.


domingo, 7 de marzo de 2010

Between two states

7:52 de la mañana, viernes, mi día favorito de la semana.

Caminaba por la calle, volviendo a casa, a darme una ducha rápida, coger los documentos y útiles pertinentes, y disponerme a tener un duro día de trabajo. Ya había un trozo de ciudad que lo hacía, moviéndose apresurados en dirección al centro, chocando conmigo frontalmente. Sentía de nuevo que todo el mundo se movía en sentido contrario al mío, y eso me provocaba, con el primer rayo de sol en el cielo, un estado de euforia aleatorio.

Me costó levantarme de la cama y dejarla allí acostada, después de que me había dicho varias veces: “8 minutos más”. Cuando fue imposible posponer de nuevo el sonido del leñador que corta el árbol de sueños me vestí apresuradamente y salí lo más despacio que pude de una casa no del todo ajena.

Entre dos estados me movía. La prisa matutina, con el temor a llegar tarde y perder mi trabajo (después del aviso que me dieron) por un lado, y, por el otro, el placer de andar contracorriente sumido en recuerdos que permanecerán imborrables en la memoria de lo prohibido.