martes, 24 de agosto de 2010

Sábanas que huelen a distancia

Entré en tu habitación después de los años…

Me senté en tu cama y recordé la primera noche que dormimos juntos. Estábamos abrazados. No podíamos dormir. Demasiados nervios...

Me pediste que te hablara. Yo automáticamente, entre el sueño y la vigilia, entre la excitación sexual y el reposo, comencé a hablar impulsivamente. Creía que querías conocerme. Yo quería que me conocieras. Y hablé, y hablé, y hablé. Hablé sobre mí. Sobre mi historia personal, sobre mi familia, sobre pequeños tesoros encontrados en viejas maletas que encontraba de pequeño por los armarios. De todo aquello te hablé...

¿Te acuerdas? Y te ibas quedando dormida mientras te contaba batallas, y juntos éramos como aquella pareja de ancianos judíos que abrazados para darse calma cruzaban el río Teterev en la lejana Zhitomir, y el sueño nos adentró en nuestro propio camino por Ucrania.

…

Todo esto pasaba en ese cuarto. No se había disuelto aún la energía generada por nosotros. Lo percibí, sentí un escalofrío que me recorrió la espalda.


Sobre la cama, las sábanas conservaban nuestra forma aún. Habían quedado como testigos mudos de lo que había pasado, pero todavía hablaban para quien quisiera escuchar. Y yo, ciego y loco, solo quería escuchar y que contasen cosas.

Me agaché a tocarlas. Fue algo eléctrico. Me quede petrificado. Eran ellas. Y sabían quien era yo. Me aceptaron. Pase las manos por encima, las volví a acariciar, les pedí permiso para volver a ser yo, les solicité mediante caricias que me devolviesen aquello que temía perder, y de alguna forma, las sábanas entendieron que hacía yo allí, comprendieron que había ido a buscar.

Recorrí con mis dedos las líneas que quedaban de nosotros en la cama, me detuve en los huecos, repasé las curvas. Nuestras figuras se habían quedado fosilizadas entre ropas de algodón, como dos animales prehistóricos y me resultaba muy sencillo seguir la traza de los actos. Con mucha delicadeza, porque no quería deshacer lo que el tiempo, la erosión y el desgaste había atrapado en aquellas placas tectónicas de tela vieja.



Mi inconsciente se descompuso. Mi estomago se agitó. Rompí a llorar. Sentí el recuerdo. Solo, en silencio, mientras pasaba las manos por la cama, sentí hacerte el amor, y noté la invisible cadena de miles de kilómetros que puede unir a dos personas.

Mi diosa de la noche, como una amazona solitaria, perdida en selvas lejanas, enredada en mil batallas. Y yo mientras buscando su cuerpo por los lugares donde anduvo...


Un recorte de Estuve hablando con sábanas, de David Jgurú


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lunes, 23 de agosto de 2010

Listo para combatir

Sé luchar. He estado aprendiendo durante bastante tiempo, quizá demasiado, malas artes de combate. No soy violento, pero sé cuando no puedes mantenerte simplemente dejándolas rebotar en tu escudo. Es hora de mostrar lo que llevas bajo la armadura.

Estoy preparado para la batalla. Listo para empezar. 3, 2, 1... go!



Arcade Fire - Genios en directo

miércoles, 18 de agosto de 2010

Rosa bella

Sois bellas, pero estáis vacías - les dijo todavía -. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece.

Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que ella es la rosa a la que he regado. Puesto que ella es la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con un biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas ).

Puesto que ella es la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

jueves, 12 de agosto de 2010

Inception – Origen, de Christopher Nolan

Anoche tuve la suerte de disfrutar de un cine sin aire acondicionado que por poco acaba conmigo de nuevo. Pese a ello, quisiera reseñar la espectacular la nueva película del británico, película que sigue en la línea ascendente (sobre todo a nivel fotografía) que ya estableció en Memento y en The Dark Knight.


En Inception, un guión que lleva trabajando años (este dato no sorprenderá a quien haya visto la película) encontraremos una amalgama de dudas, referencias temporales cruzadas y efectos especiales espectaculares que nos mantendrán boquiabiertos una vez pasados los 30 primeros minutos de presentación de personajes (pobre) y puesta en escena.



Reminiscencias claras y muy evidentes a películas como Matrix, La Celda, La Ciencia del Sueño (Gondry) o Eternal Sunshine of the Spotless Mind (mal traducida al español como Olvídate de mí). Forzando un poco la explotación del universo onírico y mezcla de realidad y ficción podemos apurar hasta el Déjà Vu (de Tony Scout) o el Nivel 13 (Josef Rusnak). Y buscando ya las cosquillas del todo, incluso a Memento y el Efecto Mariposa respecto a lo que a desplazamientos temporales se refiere.



Particularmente a mí me hizo recordar gratamente a una de mis pelis favoritas, Abre los ojos, aunque la de Nolan tenga mucha más profundidad. El trabajo de los actores es bastante bueno (di Caprio está excelente, ya prácticamente desencasillado de su papel de Jack Dawson en Titanic). Lástima que no se desarrolle más el personaje de Mr. Eames. Las dos actrices hacen una apuesta a cuál es más guapa en la película (aunque Marion gana en atractivo).



Escenas que quedaran en la retina durante lustros: París desdoblándose, la furgoneta y sus ocupantes en stop-motion y la pelea en los pasillos del hotel en el sueño de Arthur (en general todas las escenas de este sueño).



Si te gusta el buen cine y las historias de replanteos, no te la puedes perder. ¿Qué opináis de ella? Si no quedas contento, te invito a una cerveza.


miércoles, 11 de agosto de 2010

El mago de Oz


El mago de Oz no existió nunca. Probablemente sí existió la maga, que era la que volvía locos a todos los munchkins (habitantes de Oz).


El espantapájaros no tiene cerebro, mejor es no pensar las cosas tanto.


El hombre de hojalata no tiene sentimientos. Eso que se ahorra.


El león no tiene valor. Está de moda ser un cobarde.


Dorothy y sus rizos escapan de Kansas. Esperemos a ver el metraje final y confiar en que vuelva pronto, ya que Toto la va a echar de menos porque no tendrá a nadie que lo alimente.


Nessarose y Elphaba Thropp no saben dónde meterse.


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martes, 10 de agosto de 2010

Mi mujer, de David Jgurú

Mi mujer tiene dos pies distintos, con una talla distinta cada uno, cada cual con su propio tamaño, con su propia jerarquía, con su propia disposición. Sus pies son independientes el uno del otro. Uno apostó por establecerse en un momento determinado, el otro siguió avanzando.

Yo los conozco. Los he mirado mucho. Los he tocado. Los he acariciado. Incluso he jugado a enraizarlos.

Una vez, mientras caminábamos por la playa, se me ocurrió un acto mágico. Me agaché en la orilla y le cubrí los pies con arena de la playa y conchas. Simulé enraizarla a esta tierra nuestra, para que se quedase siempre aquí y a mi lado. En aquel momento, ella me ofreció otro magnífico acto mágico y muy significativo, me dio toda una lección en un simple gesto. Yo le había cubierto por entero los dos pies, ella levantó el dedo gordo, abrió un hueco en la masa, estableció una grieta que generó un agujero, por donde se asomaba su dedo. Sus pies querían respirar. Me quedé petrificado. Comprendí el mensaje inmediatamente.

No se puede enraizar completamente a las personas, siempre se necesita un hueco por donde quepa el oxígeno, no pueden cubrirse todas las necesidades, hay que dejar espacios para lo personal, para otras inquietudes, para otras búsquedas. Yo, egoísta y algo estúpido quise hacerla de la misma tierra que yo, hacerla mía completamente, pero ella me reveló sus otras necesidades.

Mi mujer me acababa de dar una lección en mi propio lenguaje de gestos y símbolos. Denoté su sabiduría. Me enamoré de ella. Sentí que debía ser mi mujer. Quise ser su hombre. Que no nos separaríamos nunca más en esta existencia. Además como no moriríamos nunca, deberíamos pasar la eternidad unidos bajo cualquier forma de vida que el tiempo nos diese.


Mi corazón de lata echará de menos a mi mujer y a sus pies.

sábado, 7 de agosto de 2010

Flanagan y Carmen Ruano

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Mira por dónde, acababa de eliminar absolutamente a Nines de mi relato. Y, no sé por qué, se me antojaba una de las mentiras más miserables de mi vida. Sobre todo cuando, al acabar la historia, Carmen me abrazó y me dio un beso instantáneo en la boca (¡instantáneo, pero en la boca!) y me dijo:

¡Ay que salao es mi detective!...


Todos los detectives se llaman Flanagan, de Jaume Ribera y Andreu Martín


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