martes, 16 de marzo de 2010
Dignos de lástima, Heinrich Heine.
Bien veo la mofa que en tus labios juega, y el brillo insolente de tus ojos, y el orgullo que hincha tu seno y, sin embargo, digo: Tan digna eres de lástima como yo. Un sufrimiento invisible te hace palpitar los labios, una lágrima oculta empaña el brillo de tus ojos, una llaga secreta te va royendo el seno orgulloso; amor mío, dignos de lástima hemos de ser los dos.
lunes, 15 de marzo de 2010
Maybe tomorrow
Maybe tomorrow we'll find each other, look at the eyes, and start feeling strangely fine.
So maybe tomorrow I'll find my way home
So maybe tomorrow I'll find my way home
domingo, 14 de marzo de 2010
Oren Lavie - Her morning elegance
Su elegancia al vestirse hizo que mi previsible día ocupado empezase con más alegría que en meses.
Después de estar sin dormir una noche entera, eterna, se rompía la magia con el sol filtrándose por las rendijas de la persiana, con el gato maullando, y con el olor a café Nespresso en la cocina.
El cuidado que ponía al abrocharse los botones, sus ojos cansados y brillantes... Atónito la miraba con mi gafas de mirar por primera vez. Los huesos de la cadera que se me clavaban, sus labios finos, los morados del cuello que yo mismo le había dibujado, todas aquellas aparentes imperfecciones en ella eran sublimes.
Terminó. Se fue, se esfumó esa elegancia, y desde entonces miro a la estancia vacía, y me pregunto cuando volveré a verla.
¿Repetimos? Natillas, Danone.
Después de estar sin dormir una noche entera, eterna, se rompía la magia con el sol filtrándose por las rendijas de la persiana, con el gato maullando, y con el olor a café Nespresso en la cocina.
El cuidado que ponía al abrocharse los botones, sus ojos cansados y brillantes... Atónito la miraba con mi gafas de mirar por primera vez. Los huesos de la cadera que se me clavaban, sus labios finos, los morados del cuello que yo mismo le había dibujado, todas aquellas aparentes imperfecciones en ella eran sublimes.
Terminó. Se fue, se esfumó esa elegancia, y desde entonces miro a la estancia vacía, y me pregunto cuando volveré a verla.
¿Repetimos? Natillas, Danone.
martes, 9 de marzo de 2010
Blind Affaire
Recuerdo cuando se cortó la melena, y se dejó el pelo corto. Aquellos ojos me atrapaban, no podía dejar de desear su cuello libre, su cara redondeada perfecta, sus pequeños labios glotones. Esa morena menuda que conocí en la cancha de fútbol me tenía enloquecido.
Emanaba un brillo especial, y el pelo revuelto le daba ese aire desaliñado que tanto me ponía. No podía dejar de mirarla, ver su aura, sus gráciles formas radiantes; tanto fue así que acabé ciego.
Quería tenerla, darle todo, que fuese mía para siempre, aunque mis amigas me decían que no sería más que un affaire.
Ciego de todo. Incapaz de ver la realidad más allá de mis ojos blancos.
Emanaba un brillo especial, y el pelo revuelto le daba ese aire desaliñado que tanto me ponía. No podía dejar de mirarla, ver su aura, sus gráciles formas radiantes; tanto fue así que acabé ciego.
Quería tenerla, darle todo, que fuese mía para siempre, aunque mis amigas me decían que no sería más que un affaire.
Ciego de todo. Incapaz de ver la realidad más allá de mis ojos blancos.
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Purifica tus orejas,
Vis a vis
domingo, 7 de marzo de 2010
Between two states
7:52 de la mañana, viernes, mi día favorito de la semana.
Caminaba por la calle, volviendo a casa, a darme una ducha rápida, coger los documentos y útiles pertinentes, y disponerme a tener un duro día de trabajo. Ya había un trozo de ciudad que lo hacía, moviéndose apresurados en dirección al centro, chocando conmigo frontalmente. Sentía de nuevo que todo el mundo se movía en sentido contrario al mío, y eso me provocaba, con el primer rayo de sol en el cielo, un estado de euforia aleatorio.
Me costó levantarme de la cama y dejarla allí acostada, después de que me había dicho varias veces: “8 minutos más”. Cuando fue imposible posponer de nuevo el sonido del leñador que corta el árbol de sueños me vestí apresuradamente y salí lo más despacio que pude de una casa no del todo ajena.
Entre dos estados me movía. La prisa matutina, con el temor a llegar tarde y perder mi trabajo (después del aviso que me dieron) por un lado, y, por el otro, el placer de andar contracorriente sumido en recuerdos que permanecerán imborrables en la memoria de lo prohibido.
Caminaba por la calle, volviendo a casa, a darme una ducha rápida, coger los documentos y útiles pertinentes, y disponerme a tener un duro día de trabajo. Ya había un trozo de ciudad que lo hacía, moviéndose apresurados en dirección al centro, chocando conmigo frontalmente. Sentía de nuevo que todo el mundo se movía en sentido contrario al mío, y eso me provocaba, con el primer rayo de sol en el cielo, un estado de euforia aleatorio.
Me costó levantarme de la cama y dejarla allí acostada, después de que me había dicho varias veces: “8 minutos más”. Cuando fue imposible posponer de nuevo el sonido del leñador que corta el árbol de sueños me vestí apresuradamente y salí lo más despacio que pude de una casa no del todo ajena.
Entre dos estados me movía. La prisa matutina, con el temor a llegar tarde y perder mi trabajo (después del aviso que me dieron) por un lado, y, por el otro, el placer de andar contracorriente sumido en recuerdos que permanecerán imborrables en la memoria de lo prohibido.
sábado, 6 de marzo de 2010
Invictus, de Clint Eastwood
Invencible
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley
viernes, 5 de marzo de 2010
Do you want to sleep with me?
- Me lo he pasado genial. Hacía tiempo que no me sentía tan a gusto. Me encantaría quedarme a dormir – dijo.
- Hazlo. ¿Qué te lo impide? ¿O quizá debería decir quién? (risas)
- No seas imbécil. Nadie, por supuesto. Soy yo misma. Me da miedo despertarme mañana y no saber qué hacer, qué pensar. ¿Es que tú no tienes miedo? Creo que es mejor que recoja y me vaya.
- Haz lo que quieras. Ese es tu problema: piensas tanto en el mañana que eres incapaz de disfrutar del hoy.

- Hazlo. ¿Qué te lo impide? ¿O quizá debería decir quién? (risas)
- No seas imbécil. Nadie, por supuesto. Soy yo misma. Me da miedo despertarme mañana y no saber qué hacer, qué pensar. ¿Es que tú no tienes miedo? Creo que es mejor que recoja y me vaya.
- Haz lo que quieras. Ese es tu problema: piensas tanto en el mañana que eres incapaz de disfrutar del hoy.

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