domingo, 26 de julio de 2009

Dos estados: llamas y leña

El amor, como un fuego incandescente, compuesto siempre de llama y leña.

Mezcla indispensable de los dos elementos, tan necesaria la materia prima como la combustión posterior. Se dice en temas de pareja que uno mas uno no son dos. Ocurre aquí lo mismo.

La llama se fue, apagada por noches de falta de ganas, de furias masticadas y no digeridas, de deseos ocultos anhelados y no consumados. Se fue de visita a la casa de al lado, donde la lumbre era propicia. Se fue de turismo a otro bosque, donde la variedad de coníferas era un plato irresistible para el paladar.



El amor siempre entre dos estados, bamboleándose desquiciado, efecto Doppler, de la felicidad desorbitada a la oscuridad de la rutina no deseada. Del amor al cariño hay una línea mucho más delgada que al deseo, y la llama sabe perfectamente como saltar ambos dos precipicios, sintiendo especial predilección por uno.

La llama saltó; se agotó en este amor, se fue, te fuiste.

Y yo me quedé con el otro componente, solo, inerte, hecho leña.

lunes, 20 de julio de 2009

No me toques la catenaria

De las cosas que más recuerdo de esta funesta carrera es cuando en 2º, en clase de Campos Electromagnéticos, Antonio contaba anécdotas de la vida diaria donde se aplicaba la teoría que en esos momentos exponía.


Narraba (porque eso era un cuento, todos atendíamos entusiasmados) como lo importante no era el potencial, sino la diferencia de potencial, de ahí el peligro de los tendidos eléctricos, los rayos, y demás movidas gordísimas.


Esta criatura, lamentablemente, no asistió a esa clase.


Nota: Pensadlo dos veces antes de darle al vídeo. No es nada agradable. Nada.



domingo, 19 de julio de 2009

Live music give me wings

Esta semana pasada ha sido una semana cultureta. Al margen del cine y de los libros, había que tener un añadido de música. Mucho mejor en vivo, siempre.


El miércoles anduve en un concierto de Jazz en El perro andaluz con un@s amig@s. Allí me encontré con otr@s, y al final el concierto resultó ser lo de menos, aquello estaba atestado de viej@s telecos (siempre estamos la misma chusma por todos lados), y me pasé la noche de un lado para otro, aunque me quedé un buen rato con el crack de J., y unas amigas rubias líquidas que nos pusieron los ojos como se aprecia. Aunque luego acabé con Jass (y compañía) en el mítico, y no siempre abierto, Urbano.


La noche siguiente, el jueves, no desmereció la anterior. Se esperaba un conciertazo de Au Revoir Simone en un escenario sin parangón, el monasterio de la Cartuja, y desde luego que no decepcionaron.


Tres chicas con tres pedazos de bichos (sintetizadores a mansalva) dándolo todo; no había acabado una canción cuando ya estaba Heather empezando la otra. La morenita tímida, la rubia sofisticada, y la castaña chalada (estaba de la chota, de verdad), muy bien aliñaditas ellas. Las tres eran unas pedazos de artistas, y tenían al público encandilado. Y las voces se complementaban estupendamente. Cada uno iba haciendo su encuesta sobre cuál le gustaba más.


Coincidí también con compañeros que hacía años que no veía, gente del trabajo (incluso estuvo a punto de venir mi jefe), pero al final acabé la noche con J. de nuevo, hablando de grupos de música y proyectos futuros.


Y esta semana más. El miércoles Bishop Allen y el jueves The Wedding Present. Anímense.

sábado, 18 de julio de 2009

20 latidos de amor nostálgico

Ayer hice de nuevo, por fin, cuánto tiempo, una locura por amor.

El miércoles echaron Los girasoles ciegos en el cine de la Diputación, y claro, ¡la compañía de una chica siempre se agradece! Estuvimos charlando gran parte de la noche, la película no era lo más importante. La acompañé a casa, y antes de despedirme, le dije que había sido una noche increíble.

Al llegar a casa no podía dejar de pensar en ella. Y tampoco en su última frase: “El lunes empiezo a trabajar en Madrid. Me voy el viernes”. Como estaba insomne (como de costumbre), se me ocurrió una cosa: me puse a fotocopiar las entradas del cine, y le escribí unas breves letras donde le decía grosso modo que era una pena no haber conocido más lo estupenda chica que era.

El viernes, al salir del trabajo, y después de hacer 20 copias de dicho folio, exacto número de latidos que tenía yo por segundo, me dirigí a la zona donde vive, fiso en mano, tijeras en ristre, y empapelé la calle entera con todo el amor que me cabía en el pecho.

Sé que sonrió cuando lo vio, estoy seguro. Ahora no dejo de mirar las antenas: solo espero que el móvil empiece a sonar…



Todo esto me lo contó Mogli ayer. Y yo no puedo sentir sino envidia y nostalgia.

miércoles, 15 de julio de 2009

Segundas partes son mejores

¿Prefieres ser el primero o el segundo?




Como ya le dije a Version, el segundo siempre tiene las de ganar.

domingo, 12 de julio de 2009

Parkouando

Siempre he sido fan del rollo Le Parkour, desde pequeño, oye, cuando aún no sabía ni lo que era.

Este señor no sé si es parte del movimiento o no, pero desde luego, a mí me sigue dando ánimos para ponerme en forma.



Joputa, ¡qué atleta!

viernes, 10 de julio de 2009

No me chilles que no te veo

¿Recuerdas la parábola de la ciega y un mudo? La idea se me ocurrió hace mucho tiempo, un día de esos de desconcierto. Yo soy la ciega, claro, no veo lo que hay más allá, no sé qué pensar ni qué esperar, no sé lo que estoy haciendo bien o mal, no distingo lo real de lo que no lo es. En algún punto me he perdido.

En el otro rincón hay mudo que tira piedras: la poesía y la música son muy bonitas, aunque cada uno las interpreta como quiere. Con las piedras la ciega se desconcierta, el sonido la desorienta; el mudo sólo consigue que se asuste y se ponga nerviosa. ¿Cómo la salvamos, entonces?

Tengo que trabajar mi enojo, dejar salir al león y apartar al ratón, pero va a resultar que no es fácil. El mariquita del ratón miedica se aferra con uñas y dientes (dientes de ratona, claro) y tengo miedo; el desconocimiento genera miedo. Estar ciega, no saber hacia dónde voy, me da miedo.

Y resulta que el que puede dirigirme está mudo...