martes, 28 de abril de 2009

Depredador

Tomaba el sol plácidamente en la terraza, ajena a todo.

Él, mucho más grande, mucho más ágil, mucho más bello, mucho más todo, se percató de su presencia. Se sintió terriblemente ofendido, porque estuviese en su zona, y sin su permiso. Y se sintió macho, una atracción ineludible.

Cauto, se acercó, no quería ser sorprendido. Quería cogerla por detrás y hacerla suya. Yo nunca lo había visto así, desconocía un comportamiento tan avieso en él. Pero no me hacía caso, por un momento nuestra amistad era superflua, solo primaban los más bajos instintos.

Ajena a todo, seguía cantando, feliz, al sol, disfrutando del nuevo día, ojos soñolientos, cuerpo cálido. Él, a un metro, era su antítesis. El cuerpo le ebullía, se le notaba alterado, los ojos inyectados en sangre.

Cuando me disponía a decirle, por última vez, que me contara qué pasaba, entonces sucedió. Ya era demasiado tarde.

Brincó, espectacular atleta, se arrojó sobre ella. Retozaron sobre el suelo, rodaron, haciendo el amor, pero mucho más salvaje. Ella se resistía. Él no paraba de besarle el cuello, era su primer objetivo antes de querer ensalivarle el resto del cuerpo.

Duró 10 segundos, los que yo tardé en acercarme para separarlos.

Insisto, ya era tarde, no fue necesario el boca a boca. Allí yacía, pobre, el cadáver de la paloma. Y a su lado, un viejo conocido, y uno nuevo: Viejuno, y su recién estrenado instinto depredador.

Actualización
: No hizo, por ejemplo, esto.

domingo, 26 de abril de 2009

Tengo mis dudas, maricón

Sin ánimo de faltar a nadie, vaya tela...

Lo peor es que verás tú como en breve suena en todas las casetas/bares/discosalas..



Si os quedáis con más ganas de juerga, y no sabéis si os gusta más el bacalao o el salchichón, click aquí

viernes, 24 de abril de 2009

Chesil Beach

Hacía todo lo posible para impedir que se le tensara un músculo de la pierna, pero era algo ajeno a su voluntad, actuaba sin su permiso, tan inevitable y poderoso como un estornudo. Aquella pérfida franja de músculo no le dolió al contraerse en un leve espasmo, pero sintió que le estaba delatando, dando la primera indicación de la gravedad de su problema. Él sin duda notó la pequeña tormenta que bullía debajo de su mano, porque ensanchó los ojos una pizca, y el arco de sus cejas y la insonora separación de sus labios sugirieron que estaba impresionado, incluso sobrecogido, al confundir con ansiedad la zozobra de Florence…

…Es vergonzoso a veces que el cuerpo no quiera, o no pueda, ocultar emociones. ¿Quién, por decoro, ha frenado alguna vez el corazón o sofocado un rubor? Indisciplinado, el músculo de Florence brincaba y se agitaba como una polilla atrapada debajo de su piel…

Marisa, de Nacho Vigalondo

Espectacular Nacho, para variar.

Aparte del espacio y el tiempo, la gente cambia, porque sí. No esperes.


jueves, 23 de abril de 2009

Two canis make 1 cup

Bar La Trinidad, Sevilla, miércoles 23:45 de la noche:

- ...
- "Y antes de liarme con él, me estuve tomando unos cubatas con su novia.."
- Ya, normal...
- ...

lunes, 20 de abril de 2009

Michel y Májina Cross

Subía despacio las escaleras hasta el tercer piso: la chaqueta colgada del brazo, abriéndome la camisa, con las llaves en la mano derecha. Volvía cansada del trabajo después de un día agotador. Llegaba hasta la puerta de una casa vacía.

Michel se había marchado dos días antes; no pudo perdonarme que le engañara.

Suspiré profundamente antes de meter la llave y abrir la puerta. Ahogué el suspiro en cuanto le vi y me quedé inmóvil en la entrada. Él me estaba esperando. Vino hasta mí, me quitó las llaves y la chaqueta, y cogiéndome de la mano me condujo al sofá.

Arrodillado a mis pies me acarició las piernas y me quitó los zapatos. Muy lentamente, desabotonó mi camisa y me besó con suavidad los hombros y el cuello.

Sin salir de mi asombro, observé fijamente cómo me quitaba la camisa y el sujetador. Me recostó en el sofá y rozó levemente uno de mis pezones; se me erizó la piel.

Entonces metió su mano bajo mi falda, y tras jugar un instante entre mis piernas, deslizó hacia abajo mis medias para subir bruscamente después, presionándome con sus manos.


Se deshizo de mis bragas y metió su cabeza entre mis muslos. Cuando sentí su lengua, empecé a gritar y retorcerme; intensos escalofríos recorrían mi espalda.

Me manejaba a su antojo; mordió mis nalgas con fuerza. De repente se detuvo, se colocó encima de mí y por primera vez me miró a los ojos.

Entonces, llamaron al timbre.

Me cerró la boca con su lengua. Desesperada le abracé, rodeándole también con mis piernas, y nos besamos con rabia, mordiéndonos los labios y la lengua. Me agarraba fuertemente del pelo. Le arañaba la espalda bajo la ropa. Nos caímos del sofá y rodamos por el suelo.

Volvieron a llamar al timbre.

Con furia le quité la ropa y seguimos dando vueltas. Encima de mí, empujaba enojado mientras yo gritaba pidiendo más y más, aumentando su enfado. Él no había dicho ni una sola palabra todavía.

Tras la puerta, seguían insistiendo.

Con la confusión, conseguí colocarme sobre él, y despacio, le monté. Pareció relajarse. Cuando no fue suficiente, con sus manos en mis caderas me marcó el ritmo. Nos corrimos al mismo tiempo. Estallé en carcajadas mientras por las ventanas abiertas entraba el sol del verano en París. Quería que todos me oyeran reir.

No me percaté de que aporreaban la puerta.

- Abre - fue todo lo que dijo.

Con su camiseta y empapada en sudor fui a abrir la puerta. Era Michel.

jueves, 16 de abril de 2009

Arreglando el mundo sevillano

Vivir en Sevilla tiene sus cosas, hay que aguantar algunos canis.



Pero no sé si es peor aguantar pijos.



Pero lo importante siempre es intentar cambiar el mundo. Para mejor, se entiende.